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En este blog pretendo compartir con vosotros el camino que voy a recorrer durante la escritura de mi primera novela.

La idea

La idea perfecta no existe. Te lo digo yo que he tratado de encontrarla rebanándome los sesos durante mucho tiempo. Así que te recomiendo que no pierdas demasiado tiempo intentando encontrarla.

Las ideas están en todas partes y cualquiera puede ser buena si se enfoca bien y se desarrolla con pasión.

Tampoco es recomendable quedarse con lo primero que nos venga a la mente. Hay que profundizar un poco. Leer historias de otros autores ayuda a sintetizar las ideas que han querido plasmar en su novela, lo cual puede llegar a motivar nuestra creatividad de tal forma que sepamos exprimir una buena idea de cualquier situación.

Toda idea puede tener su encanto. Por ejemplo, uno puede pensar que comer metales es a priori algo raro y poco llamativo. Luego lees Nacidos de la Bruma, de Sanderson, y te das cuenta de las maravillas que se pueden crear a partir de ahí.

La idea es importante, pero no tanto como el desarrollo. Una buena idea te dará alas para escribir. Pero si no le dedicas luego todo el cariño que un escritor debe dedicar a su historia estarás malgastándola.

¿Cómo elegir una buena idea? Bueno, pues no hay un método científico exacto que nos indique los pasos a seguir. Lo mejor es que la idea venga a buscarnos. Al menos eso es lo que yo he percibido en la búsqueda de la idea para escribir mi futura novela. Durante días he estado dando movimiento a los engranajes de mi cerebro para poder encontrar una idea. He llegado a tal estado de concentración que he movido objetos con la mente sin querer. Pero oye, ni rastro de una idea que me convenciera. Al final apareció sola. Y creo que si no hubiera descubierto mi poder de telequinesis, hubiera venido antes. Aunque no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo subir la compra a casa mientras estoy sentado en el sofá.

No hay que encerrarse a pensar hasta encontrarla, hay que dejarse llevar. Continuamente están pasando ideas por nuestro cerebro, no lo forcemos más. Se trata de pescar una que nos agrade cuando pase.

Es recomendable tirar la caña para pescar varias ideas y jugar con ellas antes de quedarnos con una. Al igual que para elegir el género de la obra, podemos hacer una lista de ellas y ver con cuál creemos que vamos a estar cómodos durante su desarrollo.

Cuando tengas una ganadora, es posible que pases por la fase de negación. Yo he pasado por ella. “Mi idea es un excremento”; “¿cómo va a gustar esto a alguien?”; “no sé si sabré escribir algo decente sobre esto”.

En ese momento es cuando debes recordar dos cosas:
-          Que la idea la has elegido tú porque a ti te ha gustado. Si escribes sobre un tema que te llama la atención seguro que llegas lejos. Es una tragedia que te dejes a mitad la novela porque pierdas el interés en ella cuando lleves una parte escrita.
-          La idea no es lo más importante. Es cómo la cuentes, y ahí entra tu capacidad para escribir, que seguro que es muy buena porque lo vas a hacer con mucha ilusión. Tanta que harás que a quien no le guste la idea en principio, acabe totalmente enganchado por tu forma de expresarla.

Con esto no quiero decir que no debamos concentrarnos en la búsqueda de nuestra idea, ni mucho menos. Podemos tratar de dar con ella el tiempo que queramos, pero mi recomendación es favorecer la fluidez de las cosas y no buscar algo forzado. Si tenemos tiempo libre y no conseguimos pescar la idea en nuestro río de pensamientos, lo que podemos hacer es rodearnos de un entorno que nos invite a pensar. A mí me funciona bastante bien el hecho de salir a la montaña o a la playa con el fin de respirar profundamente. Estoy seguro que el aire que entre en nuestros pulmones removerá las aguas del río y alguna que otra idea se dejará ver.

Decidir la idea para mí ha sido como el pistoletazo de salida de una carrera. Ahora toca correr con toda mi ilusión y todas mis ganas. Pero ¡ojo!, esto no son los cien metros lisos, es una maratón de fondo, así que creo que lo mejor es regular nuestras fuerzas. Además da igual llegar último que primero en este caso. ¡Lo que cuenta es llegar! Yo sé que lo voy a hacer. Espero que tú también tengas claro ese punto porque pienso que es el pilar más importante para cruzar la meta.

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