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En este blog pretendo compartir con vosotros el camino que voy a recorrer durante la escritura de mi primera novela.

La escaleta nos guiará hacia la luz

Siempre viene bien tener alguien que nos acompañe en nuestros momentos más duros. Escribir una novela, por muy gratificante que pueda llegar a ser, no es un camino de rosas. O quizá sí, porque es algo que se hace por vocación, pero por el camino nos clavaremos alguna que otra espina y será una suerte poder contar con quien nos saque de cualquier atolladero. Pero ¿quién puede ser capaz de velar por la coherencia de nuestra novela? ¿Quién supervisará nuestra obra para advertirnos que lo que estamos pensando no cuadra con lo que escribimos cuatro capítulos atrás? Sin duda alguna, la escaleta (no confundir con el boceto inicial de la historia) puede resolver ese tipo de situaciones y muchas otras.

¿Qué es?
La escaleta es un elemento que nos permitirá organizarnos mejor. Hay una diferencia sustancial entre ella y el boceto inicial (al menos bajo mi punto de vista). El primero dicta sólo las directrices principales de la novela y además de manera bastante escueta. En cambio, la escaleta entra más en materia y forja una estructura sólida separada en escenas o capítulos dejando claro qué ocurre en cada momento. Cuando estemos redactando nos será mucho más fácil seguir adelante si previamente hemos pensado con detenimiento cada una de las posibilidades de la historia. Podríamos decir que es la versión mejorada y extendida de nuestro boceto inicial. Su función es ser la guía de la trama, por ello las ideas que reflejemos deben estar ordenadas cronológicamente.

¿Cómo se construye?
El método tradicional consiste en hacernos varias tarjetas en las que plasmaremos una o varias ideas que acaecen en un determinado instante de la novela. Cada tarjeta puede ser bautizada como escena. De este modo podemos modificar el orden de la historia con suma facilidad y valorar si nuestra planificación es buena o necesita algún ajuste. Yo uso Scrivener, que permite crear un intuitivo tablero virtual con todas nuestras escenas. Cuando la escaleta esté finalizada es conveniente echarle un vistazo con perspectiva y pensar en la posibilidad de alterar el orden de los acontecimientos cambiando alguna pieza de sitio. Ahora es el momento, no cuando llevemos varios miles de palabras escritas. Mi escaleta ha sido modificada unas cincuenta veces desde que creía que era definitiva. Soy muy dado a jugar con el espacio-tiempo.

Las ideas de cada escena deben estar muy sintetizadas. Es importante saber lo que cada una nos transmite con sólo un golpe de vista. Cuando nos atasquemos escribiendo algún capítulo de nuestra flamante aventura una mirada a la escaleta debe ser suficiente para no perder el norte. Nuestro esquema no nos va a dictar las frases clave que debemos escribir, pero nos recordará hacia dónde nos dirigimos.

Es importante tener claro el momento en el que se desarrolla cada una de las escenas de la escaleta. Yo, en el momento que conseguí tener el orden final (el final de verdad), me dediqué a datarlas midiendo con precisión cuándo ocurría cada una de ellas. Puede haber escenas con la misma fecha si nuestra historia relata dos ramificaciones que acontecen de manera paralela

Hay que reseñar que no es imprescindible tener una escaleta, lo más importante es que quien escriba esté a gusto y pueda redactar la historia que tiene en su cabeza burlando las inconsistencias que se presenten. Si os creéis lo suficientemente hábiles para trabajar sin ella, adelante. Yo en el pasado lo he intentado con resultados bastante desastrosos. Ya sabéis, soy un outliner.

Y bueno, para acabar, un último consejo. Más bien es un desconsejo, no os lo recomiendo si no queréis que os tachen de locos, pero tengo que decirlo: hablo con mi escaleta. En voz alta, nada de susurros pensativos. Sí, sí, a viva voz. Cuando necesito saber qué es lo próximo que tengo que escribir o por qué un personaje está actuando de determinada forma, hablo con ella. Podéis pensar que esto es normal, ¿quién no se hace preguntas en voz alta? Pero no, yo incluso le he puesto nombre. Porque claro, me parece de mala educación dirigirme a alguien o algo sin saber su nombre. Mi escaleta se llama Alfred. 

Alfred, necesito toda la información de mi boceto-personaje. Lo que ha estado haciendo los últimos meses y con quién se ha relacionado. Todo lo que puedas encontrar.

La cosa no acaba ahí. Cuando le hablo pongo la voz ronca. Pero todavía no he llegado a escribir con máscara.

¡Que os vaya bien la organización de vuestras historias!

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