Ir al contenido principal
En este blog pretendo compartir con vosotros el camino que voy a recorrer durante la escritura de mi primera novela.

Se buscan personajes

Al principio me daba un poco de pena rechazarlos. Pero sólo al principio. No es mi culpa, si no valen, no valen. Venían, se presentaban ante mí e interpretaban de mala manera cuatro frases sin ningún tipo de énfasis. ¡Siguiente!

¿Tan difícil es encontrar un personaje redondo? Sí, mucho. Pero, un momento, ¿quieres decir que tu novela va a estar protagonizada por el primo segundo de PAC-MAN? Eh... vale, aclaremos algo antes...

Hay dos tipos de personajes, los redondos y los planos.

Un personaje redondo no es un ser cuyo contorno esté delimitado por una circunferencia. Se trata más bien de alguien que hemos creado y sobre el cual hemos definido numerosos rasgos y aspectos para dotarlo de complejidad. Cuantas más características definamos, más real será. Si salimos a la calle y mantenemos una conversación con la primera persona que tenga la amabilidad de detenerse a hablar con nosotros, nos daremos cuenta que no es simplemente amable. También será, por ejemplo, risueño, charlatán, pesado... y un sinfín de adjetivos más. Como cualquier persona, tendrá una vida a sus espaldas que le ha hecho ser como es. Y precisamente eso es lo que ha de ser un personaje protagonista, una persona.

Este tipo de personajes están predestinados a desempeñar un papel importante dentro de nuestra historia. Por regla general, el personaje principal debe ser redondo. De lo contrario, ¿qué vamos a contar sobre él, si apenas lo conocemos?

Los personajes planos tienden a ser actores secundarios con personalidades mucho más simples. El escritor sabe poco sobre ellos. Lo suficiente para que digan su frase, que, dicho sea de paso, puede ser muy relevante para que la trama se encauce. Una cosa no quita la otra.

El caso es que costó encontrarlo, pero vino mientras elaboraba la historia. Al construirla, me fui dando cuenta cómo debía ser mi protagonista. Con un contexto es más fácil hacer encajar a alguno de los candidatos que se presentaban ante mí. De haberlo sabido antes no habría comenzado con el casting hasta tener parte del decorado diseñado. Así que mi primera conclusión y consejo es ambientar la historia y luego buscar los protas.

¿Es esto una regla que se debe cumplir a rajatabla? Para nada. Es totalmente factible pensar en un personaje y crear una historia a su alrededor. Pero si queremos dar un toque de realismo extra para que nuestro protagonista sea más redondo si cabe, creo que es mejor adaptarlo a un entorno y no viceversa. Porque, como hemos dicho, un personaje redondo debe ser ante todo como una persona real. Y las personas en la realidad vienen al mundo cuando éste ya está en marcha.

Aún así he de admitir que mi personaje no es del todo redondo. Tiene muchos aspectos que deben ser pulidos. Es una piedra que se debe convertir en un canto rodado cuando el caudal de la historia lo empiece a arrastrar consigo. Y como él, el resto de personajes principales, los cuales han ido llegando a mi cabeza desde que les preparé el terreno.

Para cada uno de ellos me he hecho una ficha con todos sus datos. Rasgos físicos, carácter, aficiones, etc. Incluso he incluido una foto (buscada en Google, de alguien que se parece a como quiero que sea el personaje), así pienso que me será más fácil escribir sobre él cuando lo mire directamente a los ojos. Es importante tener toda esta información a mano, para poder consultarla y modificarla en cualquier momento.

Entre mis cualidades no destaca la de ser una persona organizada.


Yo, ordenando mi escritorio.

Y cuanta mejor organización se tenga, más fácil será la redacción de un texto. Así que tenía un problema. Mi escritorio físico era un cúmulo de hojas sueltas con fichas de personajes mezcladas con apuntes varios. Por lo que decidí pasarlo todo a ordenador. Me di cuenta que mi escritorio virtual era un cúmulo de archivos sueltos de personajes mezclados con archivos de apuntes varios. Cuando quería establecer conexiones entre ellos iba loco abriendo y cerrando los mencionados archivos. La barra de tareas tuvo que dar un golpe sobre la mesa y decir ya está bien, organízate. Fue cuando decidí hacerme con una maravilla de programa llamado Scrivener. Seguro que te suena. Sí, es de pago, pero en mi caso creo que merece la pena. Cuando lo adquirí mi maná y mi destreza subieron cinco puntos de golpe. Permite entre otras muchas cosas poder navegar entre las fichas de mis personajes a golpe de clic. Es recomendable, pero no imprescindible. Seguramente tú, que no eres tan desastre como yo, puedas apañártelas sin él.

¿Qué pasos debemos seguir para crear personajes redondos? Os contaré cómo lo he hecho yo.

Mi primer movimiento fue bautizarlos. No usé agua bendita, lo cual puede suponer un inconveniente si a mitad de novela decido que se casen por la iglesia, pero ése será un problema de mi yo del futuro, quien sin duda sabrá cómo resolverlo, es un chico de muchos recursos.

Cuando ya tenían nombre me imaginé sus rostros. Hasta el punto de, como he comentado, buscar por la red las fotos de caras que más se parecía a lo que había en mi cabeza. Con un nombre al que dirigirme y un rostro al que mirar, la relación entre mis personajes y yo se hizo mucho más cercana. De este modo, llevar a cabo el siguiente punto (clave para un personaje redondo) fue mucho más afable. Estoy hablando de caracterizar al personaje. Para ello hice una lista de cada personaje en la cual apunté un mínimo de cuatro adjetivos que definieran su forma de ser. Evidentemente no fueron asignados al azar, fueron minuciosamente elegidos ya que sé qué papel desarrollarán en la historia.

A pesar de ser personajes redondos, no los debemos sobrecargar demasiado. De eso ya se encargará la propia historia a medida que la vayamos relatando. A buen seguro cambiaremos varias veces detalles de alguno de ellos por exigencias del guion. Lo que hemos hecho simplemente ha sido darles unas pautas iniciales. Con estos tres aspectos (nombre, descripción física y una lista de adjetivos) ya podemos lanzar nuestras piedras al río para que éste las convierta en cantos rodados.

¡Vamos, hay muchas piedras que rodar!

Comentarios

Publicar un comentario